Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Agni, Caos, Cosmogonía, CREACIÓN, Darwin, Génesis, Humanidad, Mindanao, Mircea Eliade, Molist Oil, Urano
Mito, leyenda, realidad, ¿quién sabe? Lo cierto es que hay cierto paralelismo entre las diferentes culturas al intentar explicar al mundo el origen o la creación de la humanidad. La Cosmogonía, (Creencia o sistema que trata del origen y la evolución del universo) en todas las culturas, incluida la bíblica se considera el universo como un caos inicial en el que una mano creadora origina el orden, aunque varía entre unas y otras culturas. La teoría cosmogónica refleja la creencia de que antes de que existiera el Universo reinaba el Caos, un vacío completo sin forma, lo no manifestado, el abismo incondicionado del que surgiría el Cosmos. El Caos es la “Cabeza Dios” que trasciende el universo físico. A partir de la permanente “noche oscura y profunda” del Caos, empezaron a moverse la vida y la conciencia. En el mito griego, Urano se convirtió en el primer dios, el responsable de engendrar el universo. Un desbordamiento de potencia creativa latente del Caos fue lo que surgió en la forma del principio cósmico de Urano, reflejo de la “Mente de Dios”, en la que la imaginación y la visualización son capaces de formar una creación espontánea manifestada. En las profundidades de este sueño existía la idea del universo, y el universo nació. En la creación original, la ideación bastaba para fertilizar y desarrollar un universo que estaba aún encerrado en el estado no condicionado del Caos. La Biblia se refiere a esta espontaneidad creativa en el Génesis, con la orden “Que se haga la Luz”. La mayor parte de las leyendas hacen descender a la humanidad de un primer matrimonio. La mayoría nos hablan de la creación o fabricación por una divinidad mediante una materia preexistente. En las islas Peleo y en el sudeste de Australia declaran que los primeros hombres fueron creados sin más explicaciones. En Mindanao se cree que los hombres surgieron de la hierba o de rosales. Según las diversas tribus de Borneo, las divinidades creadoras hicieron varios ensayos sucesivos con distintas materias; pero la explicación más difundida es la que dice que los hombres fueron creados con barro. Después de haberlos moldeado la divinidad les infunde la vida por procedimientos distintos, ya insuflándoles el principio vital, ya mediante el viento o con un fluido o licor que va a buscar al cielo. Según la teoría de Charles Darwin, (1809-1882), el mundo físico, la vida animal e incluso los seres humanos son el producto de un desarrollo gradual, con lo que la creación queda al menos negada de forma tácita. El prólogo del libro Dioses, héroes y hombres de Esteban Molist Oil, nos dice que la ignorancia es madre del error. Pero no cabe duda de que también lo es de la imaginación. Así, el hombre primitivo, a solas con la Naturaleza y los fenómenos cósmicos, de los que nada sabía, tuvo que acudir a la imaginación para explicarse el mundo que le rodeaba y sus orígenes. De aquí la aparición del Mito. Al decir de Mircea Eliade, (Filósofo rumano especialista en religión comparada, novelista y poeta. (1907-1986) el Mito narra una historia sagrada, o sea, un acontecimiento primitivo que tuvo lugar al principio de todas las cosas, envuelto en el misterio que el hombre no puede descubrir pero sí imaginar. Si queremos comprender mejor la necesidad que tenía el hombre primitivo de construir ritualmente sus mitos e incluso darles un carácter sagrado, debemos tener en cuenta su concepción del Mundo. Existía evidentemente cierta oposición entre el mundo que habitaba y el espacio infinito e indeterminado que le rodeaba. Lo primero es su propio Mundo, es su Cosmos; lo segundo es lo desconocido, lo inexistente para él. El ritual védico referente a la posesión de un nuevo territorio nos dice que esta posesión se hace legalmente válida mediante la erección de un altar de fuego consagrado a Agni. Una vez el fuego se ha encendido, Agni asegura la comunicación del Mundo con los dioses. Por lo tanto, como el poblado primitivo no puede erigirse antes de existir su propio fuego sagrado, éste debió proceder de los dioses, seres desconocidos, que debieron crear por vez primera el Mundo. Así que estoy de acuerdo con Sócrates cuando decía: Sólo sé que no sé nada.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Feng Shui, Chi, orden en el hogar, Ba-gua
El Feng Shui nos dice que el medio ambiente está lleno de energías favorables o desfavorables y que nosotros gracias al Feng Shui podemos mejorar la circulación de estas energías. Es una técnica que permite beneficiarnos de la energía cósmica llamada Chi. Esta filosofía nos dice que en cualquier lugar circula flujos de energías, así la energía bloqueada podemos hacerla circular libremente con solo modificar la ubicación de nuestros muebles. El flujo de energía se determina con un plano octogonal basado en los diferentes puntos cardinales llamado Ba-gua (Ba significa ocho y Gua significa trigrama) que se superpone sobre un plano del espacio a estudiar, los ochos lados octogonales del mapa Ba-gua divide el espacio en nueve secciones, correspondiendo cada sección a diferentes aspectos de la vida. Para realizar este estudio se debe tener en cuenta la fecha de nacimiento de las personas que habitan la casa. Según esta creencia, si alguna sección está dispuesta de manera incorrecta, aumenta la posibilidad de que existan problemas en algún aspecto determinado. Un experto en Feng Shui puede indicarnos los cambios que deberíamos realizar, en la colocación de nuestras plantas, orientación de muebles, color de paredes etcétera. Básicamente nos aconseja que dejemos espacio para que la energía Chi que entra por la entrada de la casa circule hacia el resto del hogar, es decir, pocos muebles en la entrada, no colocar espejos enfrente de la puerta ya que reflejaría el Chi que entra, y, cuanto más amplia sea la entrada mejor. En los dormitorios nos aconseja que nuestra cama no esté situada enfrente de la puerta, tener los menos muebles posibles, y dejar espacio debajo de la cama para que circule la energía libremente; que el tamaño de los muebles debe ser proporcional al tamaño de la estancia ya que muebles muy grandes en lugares pequeños robarían energía y, al contrario muy pequeños nos dejarían sin protección. Sin referirme a esta filosofía en mi libro ¡Despierta!, ya comento que una manera de modificar nuestro estado de ánimo es cambiando los muebles de lugar, renovando el color de la pintura de las paredes, haciendo limpieza de cajones, es decir desprendiéndonos de muchas cosas inútiles. El apego a ciertos objetos no nos benefician en absoluto, al dejar vacíos los cajones ganamos espacio, los cambios, se realizan también en nuestra persona, al dejar cajones vacíos, no sólo tendrás más espacio en ellos, los tendrás también en tu mente, tendrás espacio para nuevas “ideas”. De la misma forma el tener una casa ordenada y limpia nos hace sentirnos mucho mejor; el ocasiones, el desorden externo puede indicar una falta de armonía interna y sin armonía en uno mismo no habrá armonía en tu hogar ni con el Feng Shui. Deberíamos aprender de los orientales el ritual de dejar en el umbral todos los problemas de la jornada al entrar en nuestras casa, hecho simbolizado con quitarse los zapatos antes de entrar en las casas.
Según el Feng Shui la ubicación de la mesa de despacho o mesa de trabajo es vital para ayudarnos a pensar de forma creativa. Uno de los consejos al respecto es que no debemos poder mirar a una ventana de manera obligatoria al levantar la vista, ya que esto disiparía nuestra concentración, lo ideal sería tener esa ventana a la vista cuando quisiéramos deleitarnos con un paisaje agradable simplemente girando la cabeza. De igual manera la situación ideal será estar de espaldas a la pared, lo que nos hará sentirnos protegidos. Sin embargo si nuestro lugar de trabajo lo comparten muchas personas y le damos la espalda a algunas de ellas, nos sentiremos vulnerables e inseguros porque nunca sabremos con certeza si estamos siendo observados. La picaresca nos hará solucionar ese problema, ya sea con plantas, espejos que nos permitan ver al compañero o con un marco de fotos suficientemente grande cerca de nuestro ordenador para que no puedan ver qué pagina estamos mirando. Y, en la medida en que nos sea posible, está comprobado que se trabaja de manera más relajada cuando se está rodeado de poca gente. Muchas personas pasando a nuestro alrededor nos distraen, inquietan, además de tener que soportar constantemente las malas energías ambientales. Y, si fuera posible, el tener espacio sobre nuestras cabezas, nos ayuda a pensar con más claridad. El Feng Shui es el equilibrio entre nosotros y el ambiente donde vivimos. Según esta cultura, un proverbio chino dice que primero es el destino y la suerte, después el esfuerzo y en tercer lugar está el Feng Shui. Aprovecho para deciros que el esfuerzo en el trabajo siempre merece la pena aunque no nos lo reconozcan, porque hacer algo bien es gratificante para uno mismo. Los adeptos al Feng Shui, creen que el destino y la suerte dependen de la fecha de nacimiento y de nuestros actos, pero con buenos actos, se puede llegar a cambiar la suerte. Piensan que nuestros buenos actos harán que tengamos más suerte y una vida mejor. Y al igual que yo también creen que sin esfuerzo no se consigue lo que deseamos, tenemos que estudiar para aprobar, cuidarnos para tener buena salud, etcétera. Y, en tercer lugar creen que está el Feng Shui, creyendo que a pesar de los dos factores anteriores, el trabajar en un lugar sin armonía, sería un obstáculo para lograr éxito profesional.
La creación, según el Génesis dice que Dios creó el mundo en siete días. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era confusión y caos, y las tinieblas cubrían la faz del abismo, mas el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y hubo tarde y hubo mañana primer día. Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y hubo tarde y hubo mañana segundo día. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana tercer día. Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana cuarto día. Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y hubo tarde y hubo mañana quinto día. Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y hubo tarde y hubo mañana sexto día. Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Caos, Horus, Isis, Jeroglíficos, Nefertum, Nun, Osiris
La Mitológica Egipcia dice que Del Nun (Océano Primordial, Caos ) emerge un dios que ha generado su propia existencia, Re-Atum-Khepri, dios solar y creador que escupe al suelo y concibe una pareja de dioses, Tefnut y Shu, los cuales se unen a su vez y engendran una segunda pareja divina, Geb y Nut, los cuales se unen en secreto y engendran cinco divinidades: Osiris, Isis, Horus el Viejo, Seth y Neftis. Osiris e Isis engendran a su vez a Horus el Joven. Otra leyenda relativa a la creación se localizaba en Hermópolis, un apreciado centro de culto del dios Thoth. Era el dios de la sabiduría y el estudio, así como el inventor de los jeroglíficos, vocablo que significa “escritos sagrados”. Era especialmente el dios tutelar de los escribas y guardaba relación con la luna. Una variante en torno a la leyenda de la creación expone que fue en Hermópolis donde el túmulo (sepulcro) primordial emergió de las Aguas de Nun. De un huevo apoyado en el túmulo surgió el dios solar. En otra versión alternativa, se dice que una flor de loto creció en el túmulo, y que sus hojas se abrieron para dar a conocer al joven dios de la creación Nefertum.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Cíclopes, Deméter, Epimeteo, Erinias, Gaia, Hércules, Hecatónquiros, Hera, Hestia, kronos, Poseidón, Urano, Zeus
La Mitología griega, nos dice que inicialmente sólo existías el Caos (el vacío), del que se formó Gaia (la tierra). Gaia dio a luz a Urano (el cielo). Urano fue el primer dios que reinó sobre el Universo que, uniéndose con Gaia, fueron los padres de las primeras criaturas vivas, los doce titanes (gigantes con forma humana), los tres Cíclopes (criaturas con un solo ojo) y los tres gigantes Hecatónquiros (monstruos provistos de cien manos y cincuenta cabezas). Insatisfecho con sus hijos, los desterró al inframundo. Gea irritada por encerrar a sus hijos, persuadió a su hijo, el titán Cronos (Saturno) para derrocar a su padre. Cronos encadenó y castró a Urano, y de la sangre que cayó sobre la tierra surgieron las tres diosas vengadoras, las Erinias o Furias. Tisífone, Megera, y Alecto. Fue por ello Kronos el segundo soberano del cosmos. Pero el Hado, dios supremo, había establecido que, al igual que Kronos encadenó a su padre, un hijo suyo lo haría con él. Kronos, enterado de esto y deseando evitar el destino, decidió comerse a sus hijos al nacer. Y así lo hizo con Deméter (Ceres), diosa de la tierra; Hestia, diosa del hogar Hera (Juno), diosa del matrimonio, Hades (Plutón) dios de los muertos y Poseidón (Neptuno), dios del mar. Pero Rea, esposa de Kronos, cuando dio a luz a su sexto hijo Zeus (Júpiter), para protegerle tomó una piedra y envolviéndola en pañales se la dio a Kronos, quien la comió engañado. Cuando Zeus creció se encontró con su padre y, después de vencerle y haberle hecho vomitar a sus hermanos, lo desterró del cielo. Fue entonces Zeus el tercer rey de los dioses antiguos, que dio la entrada a los dioses nuevos de la Mitología griega.
Prometeo (cuyo nombre significa “prevención, prudencia”), y su hermano Epimeteo recibieron el encargo de crear la humanidad y de proveer a los seres humanos y a todos los animales de la tierra de los recursos necesarios para sobrevivir. Epimeteo (cuyo nombre significa “ocurrencia tardía”), procedió en consecuencia a conceder a los diferentes animales atributos como el valor, la fuerza, la rapidez, además de plumas, piel y otros elementos protectores. Cuando llegó el momento de crear un ser que fuera superior a todas las demás criaturas vivas, Epimeteo se dio cuenta de que había sido tan imprudente al distribuir los recursos que no le quedaba nada que conceder. Se vio forzado a pedir ayuda a su hermano, y Prometeo se hizo cargo de la tarea de la creación. Para hacer a los seres humanos superiores a los animales, les otorgó una forma más noble y les dio la facultad de caminar erguidos. Pero Prometeo incurrió en la cólera de Zeus, le quitó la mejor parte de las ofrendas, la carne, y engañó a los dioses haciendo que ellos recibieran las peores partes de cualquier animal sacrificado y los seres humanos la mejor. En una pila, Prometeo colocó las partes comestibles de un buey, la carne y las entrañas, y las recubrió con el vientre del animal. En otra puso los huesos y los cubrió con grasa. Al pedirle a Zeus que eligiese entre las dos, el dios optó por la grasa y se sintió muy disgustado al descubrir que ésta cubría una pila de huesos. A partir de ese momento, sólo la grasa y los huesos se entregaron a los dioses en sacrificio; la buena comida quedaba para los mortales. En castigo Zeus se negó a dejar a los humanos la recompensa del fuego, pero entonces Prometeo se dirigió a los cielos y encendió una antorcha con fuego del sol. El don del fuego que Prometeo concedió a la humanidad era más valioso que cualquiera de los dones que habían recibido los animales. Estas acciones de Prometeo provocaron la ira del dios Zeus. Por las transgresiones de Prometeo, Zeus lo hizo encadenar a una estaca en el monte Cáucaso, donde era atacado constantemente por un águila que le picoteaba el hígado. Por ser inmortal, Prometeo no podía perecer y su hígado se regeneraba todas las noches para que la tortura pudiese reiniciarse todas las mañanas. Finalmente lo liberó el héroe Hércules, que mató al ave rapaz.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Atonatiuh, Calendario Azteca, Citlalicue, Citlatonac, Ehecatonatiuh, Nahui–Olin, Ocelotonatiuh, Quiauhtonatiuh, Tecpatl, Tonatiuh, Xiuhtecutli
El calendario Cuauhxicalli conocido como la Piedra del Sol o Calendario Azteca, es un monumento de piedra de una sola pieza. Fue esculpido bajo la dominación del sexto monarca azteca Axayacatl en honor a Tonatiuh, dios del Sol, considerado el rey de todos los cielos, regía el Universo en todas sus manifestaciones. Ocupando un lugar especial en la estela se encuentra, para algunos, la placa de consagración que recuerda el año de construcción del Calendario Azteca 13-caña (13-Acati), equivalente al año 1479 d.C. Los numerosos motivos esculpidos en el Calendario Azteca, parecen relacionarse con la astronomía, la cronología y la cosmogonía de los antiguos mexicanos. Los aztecas, los quichuas de Guatemala y miztecas coincidían sobre la eternidad de la materia coincidían sobre la eternidad de la materia, entendiendo que al principio solo existían el firmamento y el suelo inundado por el agua. Un antiguo mito cosmogónico de origen nahuano dice que, entonces, una pareja divina compuesta por Citlatonac “el que reside en el cielo”, y su esposa Citlalicue “la madre universal”, dieron origen al mundo de los dioses y de los hombres. Esta pareja recibió diversos nombres, según fueran los puntos en que se adoraba, pero aún, bajo interpretaciones distintas, se encuentra una misma díada generadora. No se encuentran los símbolos básicos del Sol y la Luna, los cuales aún no existían, sino con los también clásicos Cielo y Tierra del politeísmo. La mitología mexicana clasificaban cuatro edades cósmicas: la de la Tierra, la del Aire, la del Fuego, y la del Agua. Fue en la Edad del Fuego cuando Citlalicue, que ya había tenido de Citlatonac algunos hijos, dio a luz al cuchillo de sílex, Tecpatl, de modo que los demás hijos del matrimonio se sintieron abochornados por tan extraño hermano y lo estrellaron contra la Tierra, cayendo el cuchillo de sílex en un lugar llamado Siete Cavernas en donde se quebró en mil seiscientos pedazos, cada uno de los cuales se convirtió después, en una divinidad. Al querer estas nuevas divinidades tener gentes a su servicio, su madre les dio permiso y aconsejó que uno de ellos fuera a robar un hueso al País de los Muertos, hueso que se rompió en añicos mientras huía de regreso. Entonces los mil seiscientos hermanos mezclaron con su propia sangre los trozos de este hueso y al cabo de cuatro días nació de la mezcla, un varón mientras que cuatro días más tarde, nacía una hembra. Tal fue la primera pareja humana que pobló la Tierra.
Ocelotonatiuh (sol del Jaguar), se le considera como la primera y más antigua de las cuatro épocas cosmogónicas. En ella habitaron los gigantes que crearon los dioses, vivían en cuevas, no trabajaban la tierra, y su base alimenticia estaba formada por raíces y frutos silvestres. Esta época finalizó con ataque de los jaguares a los gigantes.
Ehecatonatiuh, (sol del viento), segundo sol o segunda época, durante la cual la raza humana fue destruida por fuertes huracanes y vientos. Para protegerlos, los dioses transformaron a los hombres en monos a fin de que no fueran arrastrados por estos fenómenos naturales; de ahí la relación de los hombres con los simios.
Quiauhtonatiuh, (sol de la lluvia de fuego), representa la tercera época cosmogónica. En ella todo fue extinguido por una lluvia de lava y fuego, y se transformó al hombre en ave para que volara y sobreviviera a la catástrofe así originada.
Atonatiuh, (sol de agua), significa la cuarta era, la cual fue destruida por fuertes y tormentosas lluvias que cubrieron las más altas montañas. La humanidad, para salvarse de este diluvio universal, se transformó en peces para sobrevivir.
Nahui–Olin, (sol de terremoto), misterioso símbolo predominante que representa la era del quinto sol, es decir, próximo fin de la humanidad en el planeta.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Islas de la Sociedad, Islas Gilbert, Kobine, Naruau, Po, Polinesia, Samoa, Tahatoa, Tangaloa, Taroa
Mitología oceánica nos habla de una diosa llamada Lukelong la cual creó el Cielo y luego la Tierra. En las Islas Gilbert el Cielo y la Tierra fueron hechos por Naruau y su hija Kobine y, según una leyenda de las Islas de la Sociedad, el dios celeste Tahatoa abrazó una roca, fundamento de todas las cosas, que dio origen entonces a la Tierra y al Mar. En otro tipo de mitos cosmogónicos, los dioses lejos de ser los autores del Universo, no son más que uno de sus elementos y tienen el mismo origen que los demás, una especie de Nada, que es el principio de todas las cosas. Así en las Islas de la Sociedad se dice que, en las tinieblas primitivas, Taroa existía en el interior de un huevo de donde salió después. En otras regiones de la Polinesia nos dicen que al principio sólo existía Po, un vacío desprovisto de luz, calor, sonido, forma y de movimiento. De modo que de esta especie de caos, brotaron gradualmente el movimiento, el sonido, una gran luz, el calor, la humedad, la materia, la forma y finalmente el Cielo padre y la Tierra madre, padres de los dioses, de los hombres y la naturaleza. En la cosmogonía de Hawai, la vida tenebrosa de donde habrían surgido todas las cosas no es más que el resto de un mundo anterior. En Samoa, El Universo tiene como origen una serie genealógica de rocas, primeramente las rocas de arriba y luego las rocas terrestres, de donde acabó por salir un pulpo que tuvo como hijos el Fuego y el Agua; entre esos descendientes tuvo lugar una violenta lucha en la cual el Agua venció; es decir, que el mundo fue destruido por un diluvio, siendo creado de nuevo por Tangaloa.