La creación, según el Génesis dice que Dios creó el mundo en siete días. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era confusión y caos, y las tinieblas cubrían la faz del abismo, mas el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y hubo tarde y hubo mañana primer día. Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y hubo tarde y hubo mañana segundo día. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana tercer día. Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y hubo tarde y hubo mañana cuarto día. Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Y hubo tarde y hubo mañana quinto día. Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y hubo tarde y hubo mañana sexto día. Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes que fuese en la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese; porque Jehová Dios aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había hombre para que labrase la tierra, sino que subía de la tierra un vapor, el cual regaba toda la faz de la tierra. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Caos, Horus, Isis, Jeroglíficos, Nefertum, Nun, Osiris
La Mitológica Egipcia dice que Del Nun (Océano Primordial, Caos ) emerge un dios que ha generado su propia existencia, Re-Atum-Khepri, dios solar y creador que escupe al suelo y concibe una pareja de dioses, Tefnut y Shu, los cuales se unen a su vez y engendran una segunda pareja divina, Geb y Nut, los cuales se unen en secreto y engendran cinco divinidades: Osiris, Isis, Horus el Viejo, Seth y Neftis. Osiris e Isis engendran a su vez a Horus el Joven. Otra leyenda relativa a la creación se localizaba en Hermópolis, un apreciado centro de culto del dios Thoth. Era el dios de la sabiduría y el estudio, así como el inventor de los jeroglíficos, vocablo que significa “escritos sagrados”. Era especialmente el dios tutelar de los escribas y guardaba relación con la luna. Una variante en torno a la leyenda de la creación expone que fue en Hermópolis donde el túmulo (sepulcro) primordial emergió de las Aguas de Nun. De un huevo apoyado en el túmulo surgió el dios solar. En otra versión alternativa, se dice que una flor de loto creció en el túmulo, y que sus hojas se abrieron para dar a conocer al joven dios de la creación Nefertum.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Cíclopes, Deméter, Epimeteo, Erinias, Gaia, Hércules, Hecatónquiros, Hera, Hestia, kronos, Poseidón, Urano, Zeus
La Mitología griega, nos dice que inicialmente sólo existías el Caos (el vacío), del que se formó Gaia (la tierra). Gaia dio a luz a Urano (el cielo). Urano fue el primer dios que reinó sobre el Universo que, uniéndose con Gaia, fueron los padres de las primeras criaturas vivas, los doce titanes (gigantes con forma humana), los tres Cíclopes (criaturas con un solo ojo) y los tres gigantes Hecatónquiros (monstruos provistos de cien manos y cincuenta cabezas). Insatisfecho con sus hijos, los desterró al inframundo. Gea irritada por encerrar a sus hijos, persuadió a su hijo, el titán Cronos (Saturno) para derrocar a su padre. Cronos encadenó y castró a Urano, y de la sangre que cayó sobre la tierra surgieron las tres diosas vengadoras, las Erinias o Furias. Tisífone, Megera, y Alecto. Fue por ello Kronos el segundo soberano del cosmos. Pero el Hado, dios supremo, había establecido que, al igual que Kronos encadenó a su padre, un hijo suyo lo haría con él. Kronos, enterado de esto y deseando evitar el destino, decidió comerse a sus hijos al nacer. Y así lo hizo con Deméter (Ceres), diosa de la tierra; Hestia, diosa del hogar Hera (Juno), diosa del matrimonio, Hades (Plutón) dios de los muertos y Poseidón (Neptuno), dios del mar. Pero Rea, esposa de Kronos, cuando dio a luz a su sexto hijo Zeus (Júpiter), para protegerle tomó una piedra y envolviéndola en pañales se la dio a Kronos, quien la comió engañado. Cuando Zeus creció se encontró con su padre y, después de vencerle y haberle hecho vomitar a sus hermanos, lo desterró del cielo. Fue entonces Zeus el tercer rey de los dioses antiguos, que dio la entrada a los dioses nuevos de la Mitología griega.
Prometeo (cuyo nombre significa “prevención, prudencia”), y su hermano Epimeteo recibieron el encargo de crear la humanidad y de proveer a los seres humanos y a todos los animales de la tierra de los recursos necesarios para sobrevivir. Epimeteo (cuyo nombre significa “ocurrencia tardía”), procedió en consecuencia a conceder a los diferentes animales atributos como el valor, la fuerza, la rapidez, además de plumas, piel y otros elementos protectores. Cuando llegó el momento de crear un ser que fuera superior a todas las demás criaturas vivas, Epimeteo se dio cuenta de que había sido tan imprudente al distribuir los recursos que no le quedaba nada que conceder. Se vio forzado a pedir ayuda a su hermano, y Prometeo se hizo cargo de la tarea de la creación. Para hacer a los seres humanos superiores a los animales, les otorgó una forma más noble y les dio la facultad de caminar erguidos. Pero Prometeo incurrió en la cólera de Zeus, le quitó la mejor parte de las ofrendas, la carne, y engañó a los dioses haciendo que ellos recibieran las peores partes de cualquier animal sacrificado y los seres humanos la mejor. En una pila, Prometeo colocó las partes comestibles de un buey, la carne y las entrañas, y las recubrió con el vientre del animal. En otra puso los huesos y los cubrió con grasa. Al pedirle a Zeus que eligiese entre las dos, el dios optó por la grasa y se sintió muy disgustado al descubrir que ésta cubría una pila de huesos. A partir de ese momento, sólo la grasa y los huesos se entregaron a los dioses en sacrificio; la buena comida quedaba para los mortales. En castigo Zeus se negó a dejar a los humanos la recompensa del fuego, pero entonces Prometeo se dirigió a los cielos y encendió una antorcha con fuego del sol. El don del fuego que Prometeo concedió a la humanidad era más valioso que cualquiera de los dones que habían recibido los animales. Estas acciones de Prometeo provocaron la ira del dios Zeus. Por las transgresiones de Prometeo, Zeus lo hizo encadenar a una estaca en el monte Cáucaso, donde era atacado constantemente por un águila que le picoteaba el hígado. Por ser inmortal, Prometeo no podía perecer y su hígado se regeneraba todas las noches para que la tortura pudiese reiniciarse todas las mañanas. Finalmente lo liberó el héroe Hércules, que mató al ave rapaz.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Atonatiuh, Calendario Azteca, Citlalicue, Citlatonac, Ehecatonatiuh, Nahui–Olin, Ocelotonatiuh, Quiauhtonatiuh, Tecpatl, Tonatiuh, Xiuhtecutli
El calendario Cuauhxicalli conocido como la Piedra del Sol o Calendario Azteca, es un monumento de piedra de una sola pieza. Fue esculpido bajo la dominación del sexto monarca azteca Axayacatl en honor a Tonatiuh, dios del Sol, considerado el rey de todos los cielos, regía el Universo en todas sus manifestaciones. Ocupando un lugar especial en la estela se encuentra, para algunos, la placa de consagración que recuerda el año de construcción del Calendario Azteca 13-caña (13-Acati), equivalente al año 1479 d.C. Los numerosos motivos esculpidos en el Calendario Azteca, parecen relacionarse con la astronomía, la cronología y la cosmogonía de los antiguos mexicanos. Los aztecas, los quichuas de Guatemala y miztecas coincidían sobre la eternidad de la materia coincidían sobre la eternidad de la materia, entendiendo que al principio solo existían el firmamento y el suelo inundado por el agua. Un antiguo mito cosmogónico de origen nahuano dice que, entonces, una pareja divina compuesta por Citlatonac “el que reside en el cielo”, y su esposa Citlalicue “la madre universal”, dieron origen al mundo de los dioses y de los hombres. Esta pareja recibió diversos nombres, según fueran los puntos en que se adoraba, pero aún, bajo interpretaciones distintas, se encuentra una misma díada generadora. No se encuentran los símbolos básicos del Sol y la Luna, los cuales aún no existían, sino con los también clásicos Cielo y Tierra del politeísmo. La mitología mexicana clasificaban cuatro edades cósmicas: la de la Tierra, la del Aire, la del Fuego, y la del Agua. Fue en la Edad del Fuego cuando Citlalicue, que ya había tenido de Citlatonac algunos hijos, dio a luz al cuchillo de sílex, Tecpatl, de modo que los demás hijos del matrimonio se sintieron abochornados por tan extraño hermano y lo estrellaron contra la Tierra, cayendo el cuchillo de sílex en un lugar llamado Siete Cavernas en donde se quebró en mil seiscientos pedazos, cada uno de los cuales se convirtió después, en una divinidad. Al querer estas nuevas divinidades tener gentes a su servicio, su madre les dio permiso y aconsejó que uno de ellos fuera a robar un hueso al País de los Muertos, hueso que se rompió en añicos mientras huía de regreso. Entonces los mil seiscientos hermanos mezclaron con su propia sangre los trozos de este hueso y al cabo de cuatro días nació de la mezcla, un varón mientras que cuatro días más tarde, nacía una hembra. Tal fue la primera pareja humana que pobló la Tierra.
Ocelotonatiuh (sol del Jaguar), se le considera como la primera y más antigua de las cuatro épocas cosmogónicas. En ella habitaron los gigantes que crearon los dioses, vivían en cuevas, no trabajaban la tierra, y su base alimenticia estaba formada por raíces y frutos silvestres. Esta época finalizó con ataque de los jaguares a los gigantes.
Ehecatonatiuh, (sol del viento), segundo sol o segunda época, durante la cual la raza humana fue destruida por fuertes huracanes y vientos. Para protegerlos, los dioses transformaron a los hombres en monos a fin de que no fueran arrastrados por estos fenómenos naturales; de ahí la relación de los hombres con los simios.
Quiauhtonatiuh, (sol de la lluvia de fuego), representa la tercera época cosmogónica. En ella todo fue extinguido por una lluvia de lava y fuego, y se transformó al hombre en ave para que volara y sobreviviera a la catástrofe así originada.
Atonatiuh, (sol de agua), significa la cuarta era, la cual fue destruida por fuertes y tormentosas lluvias que cubrieron las más altas montañas. La humanidad, para salvarse de este diluvio universal, se transformó en peces para sobrevivir.
Nahui–Olin, (sol de terremoto), misterioso símbolo predominante que representa la era del quinto sol, es decir, próximo fin de la humanidad en el planeta.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Islas de la Sociedad, Islas Gilbert, Kobine, Naruau, Po, Polinesia, Samoa, Tahatoa, Tangaloa, Taroa
Mitología oceánica nos habla de una diosa llamada Lukelong la cual creó el Cielo y luego la Tierra. En las Islas Gilbert el Cielo y la Tierra fueron hechos por Naruau y su hija Kobine y, según una leyenda de las Islas de la Sociedad, el dios celeste Tahatoa abrazó una roca, fundamento de todas las cosas, que dio origen entonces a la Tierra y al Mar. En otro tipo de mitos cosmogónicos, los dioses lejos de ser los autores del Universo, no son más que uno de sus elementos y tienen el mismo origen que los demás, una especie de Nada, que es el principio de todas las cosas. Así en las Islas de la Sociedad se dice que, en las tinieblas primitivas, Taroa existía en el interior de un huevo de donde salió después. En otras regiones de la Polinesia nos dicen que al principio sólo existía Po, un vacío desprovisto de luz, calor, sonido, forma y de movimiento. De modo que de esta especie de caos, brotaron gradualmente el movimiento, el sonido, una gran luz, el calor, la humedad, la materia, la forma y finalmente el Cielo padre y la Tierra madre, padres de los dioses, de los hombres y la naturaleza. En la cosmogonía de Hawai, la vida tenebrosa de donde habrían surgido todas las cosas no es más que el resto de un mundo anterior. En Samoa, El Universo tiene como origen una serie genealógica de rocas, primeramente las rocas de arriba y luego las rocas terrestres, de donde acabó por salir un pulpo que tuvo como hijos el Fuego y el Agua; entre esos descendientes tuvo lugar una violenta lucha en la cual el Agua venció; es decir, que el mundo fue destruido por un diluvio, siendo creado de nuevo por Tangaloa.
Archivado en: CREACIÓN | Etiquetas: Ahura Mazda, Arriman, El Bundahishn, Ormuz, Persia, Zaratrustra, Zoroastro, Zurvan
El Bundahishn, la Creación, es una tardía compilación de textos cosmológicos y cronologías, formada a comienzos del siglo X d.C. a partir de fuentes más antiguas. En la mitología dual del Zoroatrismo (o Mazdeísmo), existe una oposición entre los hermanos gemelos Ohrmazd (Ahura Mazda) (que vive bajo la luz) y Ahriman (que vive en la oscuridad). Los gemelos son hijos del dios Zurvan, “Tiempo”, el último ser que existió en el vacío original. Cuando llegó el momento en que debían nacer los hermanos gemelos, Zurvan le prometió a su primogénito que habría de gobernar el mundo. Ohrmazd, a quien se le otorgó el don de conocer el futuro, le dijo esto a su hermano. Entonces Ahriman, con el propósito de salir primero, mintió diciéndole a su padre: “Soy Ohrmazd, tu hijo”. Pero Zurvan no se dejó engañar y respondió: Mi hijo es luz y aroma, pero tu eres oscuridad y hedor. Entonces Zurvan comenzó a llorar. Ahura Mazda (Ormuz) es el sabio, cuyo conocimiento no pose limites: creó el sol, la luna y las estrellas. Dio el ser a la Buena Mente, que opera dentro del hombre y de toda la creación. Ahriman (también llamado Angra Mainyu, que significa “Espíritu destructivo”) creó a los demonios y lanzó un ataque contra Ahura Mazda, quien consigue no obstante, rechazarle hasta la oscuridad diciéndole: “Ni nuestros pensamientos, ni nuestras enseñanzas, ni nuestros planes, ni nuestras creencias, ni nuestras palabras, ni nuestras almas, están de acuerdo.” Dice la leyenda que el Ser supremo, a fin de neutralizar la influencia de Ahriman, ordenó a Ohrmazd que creara el mundo visible, el cual durará doce mil años divididos en cuatro edades iguales. Al principio el mundo de la luz coexiste con el de la oscuridad de Ahriman, potencia en espíritu ve la luz y oye la guerra de 9.000 años propuesta por Ohrmazd entre la luz y las tinieblas y cae en el abismo. Al cabo de otros 3.000 años, Ohrmazd crea el mundo físico, al toro primordial Gosh y al primer ser humano mortal, Gayomard. Ahriman dispone destruir la creación benéfica. Hace pedazos su camino a través de la bóveda cristalina del cielo, corre a través de las aguas, que se vuelven amargas y salinas, convierte la tierra en desierto y montañas, y lo mancilla todo, mata las plantas, al toro primordial y al primer ser vivo. El esperma de Gayomard es llevado al sol y el de Gosh a la luna. De la simiente conservada por la luna derivarán nuevas plantas y la vida, renovada por las lluvias de Tir; de la conservada por el sol crecerá a los cuarenta años de ser enterrada, un ruibarbo andrógino del que surgirá la primera pareja humana, Mashyagh y su compañera Mashyanagh. Se inicia de esta manera la siguiente era de 3.000 años, llamada periodo de la mezcla del bien y del mal; en ella Ahriman vuelve al hombre codicioso, apático, vicioso y enfermo. Al final de este periodo, el nacimiento del profeta Zoroastro da paso al último periodo de 3.000 años. En esta fase final, cada mil años nace un salvador –Soshans- del esperma de Zoroastro, conservado en el lago Hamun en Seistan, donde fecunda milagrosamente a vírgenes que acuden allí a nadar. Con el nacimiento del tercer salvador, empieza la última batalla y todos los héroes y monstruos del mito vuelven a la vida para participar en la lucha. El mal es derrotado finalmente en ordalías de fuego de metal fundido que cubre la tierra; Ahriman es expulsado para siempre a las tinieblas exteriores y la tierra una vez más se vuelve plana. Se trata de la gran renovación, el fin de la historia. Observa la similitud del engaño de Arriman que al igual que Jacob intenta obtener la bendición de Isaac en lugar del primogénito.
El zoroastrismo, religión fundada en la antigua Persia por el profeta Zoroastro (Zaratrusta) atribuye la creación del mundo a Ahura Mazda, (“Señor de la sabiduría”) quien separó el cielo y la tierra y materializó las aguas, las plantas y los cuerpos celestes, aunque el mundo ya existía previamente en un estado espiritual. En un segundo momento se produjo la elección por los Espíritus gemelos, entre el bien y el mal, la vida y la muerte.
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Al norte de Aries se encuentra Triangulum, de forma geométrica y que algunos asocian a la pirámide de Kheops en Egipto. Esta es símbolo de longevidad y de fortaleza, así como de captación en su vértice de energías superiores. El triángulo representa el espíritu pero la pirámide, además, posee en su base un cuadrilátero, con lo que se pretende concretizar las energías superiores hacia los planos visibles. Aries constelación es representativo de un tesoro espiritual que Triangulum guarda. Triangulum, además, se refiere a los tres aspectos de lo divino: Padre, Hijo y Espíritu Santo en el cristianismo, Brahma (Creador), Vishnú (Preservador) y Shiva (Destructor de Pasiones) en el hinduismo. Para Pitágoras el dígito tres era sagrado, por representar “el principio, el medio y el fin”. La ballena Cetus, el enorme monstruo marino que amenazó a Andrómeda y retó a Perseo, descansa su gigantesca cabeza debajo de la constelación de Aries. Esta cabeza es feroz y terrible. Cetus, la ballena, representa la fuerza bruta, la precipitación hacia las profundidades en las aguas de los sentimientos. Un río tortuoso, el Eridanus, hace una curva debajo de la cabeza de Cetus, desplegándose en su mayor parte en la zona de Tauro. Su cauce es extraño y, sus aguas, misteriosas y turbulentas; en él cayó y se ahogó Faetón, el rebelde auriga solar. Representa la temeridad, por querer llevar imprudentemente el carro del Sol. El Eridano rodea completamente al horno (Fornax), intensificando su calor al vadearlo. Fornax se llama así por las forjas u hornos que se creen ocultos debajo de la tierra. Hefesto, a veces considerado como hijo de Zeus y de Hera, nació tan feo que Hera, disgustada, lo arrojó al mar desde el Olimpo, donde lo rescataron los dioses marinos, a causa de esta caída Hefesto quedó cojo. Irónicamente Hefesto se casó con Afrodita, diosa del amor. Fue una unión infeliz que sólo hizo aumentar la amargura de Hefesto contra la vida, intensificando así la fuerza de sus hornos infernales. Fornax representa la intensidad, el sobrecalentamiento, la angustia, la purificación de pasiones. La Hydra, animal que representa los instintos, está algo más al sur en este mismo gajo o sector.
Archivado en: ASTROLOGÍA | Etiquetas: Artemisa, Capella, Eos, Erictonio, Eridanus, Orión, Pléyades, Tauro
Directamente encima del Tauro zodiacal está la vistosa figura de Auriga, el Cochero, símbolo de un fenómeno dinámico, la cualidad que la persona del Toro ha de desarrollar en contraposición a su natural conservadurismo. Por otra parte, el cochero ha de conducir con calma, paciencia, vigilante y guiando correctamente la dirección del vehículo, tal como la cabeza es movida por el cuello. Para la mitología griega Auriga fue un príncipe llamado Erictonio, inventor de la carroza tirada por cuatro caballos. La gran diosa Atenea había ayudado al príncipe en su invento y Erictonio la veneró cuando llegó a ser el rey de Atenas. Capella, una de las estrellas de Auriga y la quinta más brillante del cielo aumenta la belleza y esplendor de la constelación; al norte está Perseus, que representa el amor fiel y sacrificado. Al norte de Perseus se encuentra Cameleo Pardalis, el camello leopardo, es decir, la jirafa. Su gran cuello no cabe duda de que posee una analogía básica con la regencia que el signo del Toro posee sobre esta parte del cuerpo. El cuello es el sustento de las facultades superiores sitas en la cabeza, así como una columna mantiene el capitel. En el sur está Orión, el Cazador, uno de los más guapos y conquistadores jóvenes de la Grecia antigua. Su hermosa figura y sus aventuras amorosas le ocasionaron muchos problemas en su vida, en una ocasión quedó ciego por haber seducido a una princesa virgen. Artemisa, la diosa de la caza, se apiadó de Orión y le devolvió la vista. Pero aún así él siguió con sus conquistas, incluso con la diosa Eos, la Aurora, quien todavía se sonroja cuando se levanta por la mañana al recordar su seducción. Aquí vemos lo excesivamente sensual que puede ser el signo del Toro. Molesto finalmente por las bravuconerías del joven cazador, el dios Apolo quiso escarmentarle, pues no sólo estaba siempre tratando de abusar de jóvenes vírgenes como las Pléyades, sino que se había alardeado de que él era el único capaz de liberar al mundo de todas las bestias y monstruos malignos. Tomando la idea de Orión, Apolo creó al enorme Escorpión, que le dio tanto miedo al alegre cazador que éste se tiró al mar de cabeza y, Artemisa vio cómo Orión aparecía y desaparecía, ahogándose en la superficie del agua; cuando ella preguntó a Apolo que quién era el infeliz, éste mintió y le dijo que era un villano llamado Condaón, a quien Artemisa odiaba. La diosa enseguida disparó una de sus flechas a Orión y lo mató. Artemisa, al saber después que era Orión en realidad, trató de devolverlo a la vida pero, al no conseguirlo, le colocó entre las estrellas tal como él acostumbraba ir: con un cinturón incrustado de piedras preciosas, una piel de león, su escudo y una espada o una maza. Y ahí quedó Orión, como una de las más bonitas y destacadas constelaciones, venerada por muchas culturas y situada junto a las Pléyades, a las que tanto persiguió pero que nunca pudo alcanzar. Orión es representativo de cierta psicología nefasta de Tauro: seducción, jactancia, pasión… Apolo no quedó contento con la muerte de Orión y su elevación a las estrellas, y puso a Escorpio en los cielos (en oposición a Orión). Después, para ridiculizar al grande y jactancioso cazador, Apolo colocó una dócil liebre en sus pies: la constelación Lepus, símbolo de la mansedumbre que ha de lograr el Toro. Así, con frecuencia los del signo del Toro caen presa de sus propios, así como poderosos, impulsos y pasiones. El tortuoso río Eridanus nace cerca de los pies de Orión, siendo su cauce origen de caminos desviados y de alejamientos de la senda del sentido común. Más al sur está Caelum, el Cincel, símbolo escultórico artístico, con el que el Toro modela la materia bruta transformándola en belleza.
Archivado en: ASTROLOGÍA | Etiquetas: Ática, Ícaro, Can Mayor, Can Minor, Deméter, Géminis, Johannes Hevelius, Sirio, Zeus
Al Norte de Géminis se encuentra el cuerpo del Lince. Según la mitología griega, Lynx, el lince, fue en un tiempo Linceo, un primo de Cástor y Pólux quien, a causa de su excelente vista, tenía el puesto de vigía en la gran nave Argos. Ovidio nos habla de un rey de los escitas llamado Linco a quien la diosa Deméter transformó en un lince porque se atrevió a intervenir en un ritual de maíz consagrado a ella. Esto quizá nos hable de uno de los defectos de los Gemelos: la excesiva curiosidad. Esta constelación fue llamada también el Lince en el siglo XVII por el astrónomo Johannes Hevelius, de quien se dice que declaró que se debían tener ojos de Lince para poder verla. Esto connota, como significado del Lince en los Gemelos y en el Cangrejo, la visión aguda, ya sea física o intuitiva, así como la finura de los sentidos y la visión interna. En Géminis nos topamos con el Lince, se debe interpretar como una gran capacidad de moverse de un lado para otro con enorme rapidez y agilidad. Hacia el sur de Géminis hay dos perros, uno grande y otro pequeño, son el símbolo de la fidelidad. A veces se describen ambos perros como simples lebreles del cazador Orión, quien se esconde en la vecina zona de Tauro pero, sin embargo, el Can menor particularmente, tiene en la mitología griega una historia más rica y simbólica. Era Maera, el fiel perro de Icaro, dícese que un día el dios del vino, Dionisios, llegó a la tierra de Ática y enseñó a Ícaro a fermentar la uva. Cuando los hombres experimentaron los efectos de la nueva bebida, pensaron que Ícaro los había hechizado y le dieron muerte. Maera fue testigo de la terrible acción y, lleno de dolor, se arrojó de cabeza en un pozo que estaba cerca. Zeus, conmovido por la gran devoción del animal, lo transfirió al cielo como Canis Minor. Más al sur está Monoceros, el Unicornio, un monstruo que emite un tremendo aullido, que tiene cuerpo de caballo, patas de elefante y una cola parecida a la del venado. En la parte media de la frente posee un cuerno de un sorprendente esplendor. Para la Mitología este cuerno es un símbolo de la energía transformada en realización. El Unicornio es capaz de desafiar al león, pero sólo puede ser capturado y doblegado por una joven virgen, ante cuya presencia deja de emitir su pavoroso aullido y se torna manso como un cordero. El simbolismo de este animal con un solo cuerno quizás sea el de un único propósito u obsesión: el triunfar, bien materialmente o en el reino celestial. Pero no se ha de olvidar que el cuerno simboliza la iluminación del centro mental (entrecejo). El Can Mayor tiene un flamante ojo, la estrella Sirio, la más brillante del cielo después del Sol. Se encuentra a 8,6 años luz de distancia. Los antiguos la llamaban el “segundo Sol” o la estrella Canina que, para ellos, representaba la llegada del calor a la tierra. A este sabueso, conocido por Laelaps, Zeus le concedió ser tan rápido que podía alcanzar a cualquier criatura que persiguiese, lo cual simboliza la prontitud de los Gemelos. Desgraciadamente, había una zorra acerca de la cual Zeus había decretado que ningún animal podría jamás atrapar. Fue un dilema para Zeus cuando Laelaps, el Can Mayor, que podía correr más rápido que cualquiera de sus presas, cayó sobre la zorra que ningún animal podía atrapar. Después de unos cuantos y furiosos minutos de indecisión, Zeus convirtió en piedras a ambos animales, pero recompensó a Laelaps colocándolo entre las estrellas. En este dilema creado vemos la paradoja, duda o dualidad a la que el signo de los Gemelos se enfrenta con frecuencia. El Can Mayor connota una forma de frustración creada por la persecución inacabable de grandes cosas. Además, Sirio añade el calor o pasión ardiente de los propósitos aunque, también, puede ser el faro de la razón que guía tales acciones. Columba, que tiene sus alas en la zona de Géminis, es la paloma mensajera (comunicación).
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La única constelación en el norte de la región del Cangrejo es la del Lince. Es el símbolo de la agudeza, la previsión y la claridad introspectiva. Por encima de esos ojos quemantes se extiende un espacio negro y misterioso hasta la estrella polar del norte. Bajo Cáncer, hacia el sur, se encuentra Hidra, cuyo aliento o el olor de sus huellas pueden destruir la vida. Hércules luchó contra ese monstruo y, tras grandes esfuerzos, después de mucho combatir, logró dominarla. Hydra es una bestia enorme cuyo cuerpo se extiende a lo largo de Leo y Virgo. Todas sus cabezas están en Cáncer, lo que indica una dinámica intelectual fuera de quicio y de cariz autodestructivo. El primer barco de gran calado que construyeron los antiguos, según la leyenda griega, fue la nave Argos, un navío de cincuenta remos. Fue construida para que llevara a Jason y a su tripulación de argonautas en su misión de apoderarse del vellocino de oro en el reino de la Cólquida, donde había estado durante muchos años. Como ese vellocino de oro había sido tomado de un magnífico carnero olímpico, estaba considerado como un símbolo de realeza y, por ello, Jason lo necesitaba para apoyar sus reclamaciones sobre el reino de Jolcos. Sabiendo que el viaje hasta la Cólquida sería largo y peligroso, Jason equipó la nave Argos con maderas preciosas bien curadas, con remos resistentes y un mascarón de proa que tenía la forma de una mujer que podía hablar y profetizar. Entre los heroicos argonautas que se unieron para la gran aventura se encontraba Hércules, Orfeo, Cástor y Pólux y una mujer (Atlanta). Al final, el viaje de la nave Argos resultó fructífero y el vellocino de oro fue robado. Desde entonces hasta nuestros días, las aventuras de Jasón y su tripulación han sido cantadas en todas las edades y al gran navío se le ha glorificado como una constelación del sur, Argos Navis o, como se le conoce por separado: Puppis (la Popa); Pyxis (la rueda del timón o la brújula); Vela (la Vela) y Carina (la Quilla). El Timón y la Vela están en la esfera de Cáncer, aunque esta última está en parte en la de Leo. La Nave Argos iba en una misión de piratería, lo que da indicios aventureros e imaginativos al signo. Con equilibrio puede el Cangrejo llegar a buen término sobre el mar de los sentimientos, en esa empresa acuática él lleva el timón. Como Jason, es capaz de mover diplomáticamente a las personas que por su valor necesita y los atrae con promesas de ganancias y protección. Saltando sobre las olas del mismo océano está el Pez Volador (Volans), capaz de permanecer en el aire con sus alargadas antenas algunos segundos, no puede moverlas como verdaderas alas, sino que las utiliza para deslizarse en el aire. Representa los respiros que el Cangrejo ha de saber tomar alzándose unos momentos sobre el mar, a veces de una forma caprichosa. Este Pez Volador está en parte en el gajo de Géminis. Luego sigue Chamaleon, el Camaleón, capaz de cambiar su color. Simboliza los cambios de estado de ánimo y la tendencia a ocultarse y pasar desapercibido.